«¿Cómo llegar alguna vez a conocer al niño? Para conocerlo tengo que esperar a que se deteriore; sólo entonces estará a mi alcance. Helo aquí, un punto en el infinito. Nadie conocerá su hoy. Ni siquiera él mismo. En cuanto a mí, miro, y es inútil: no consigo comprender algo que sólo es actual, totalmente actual. Lo que conozco de él es su situación: el niño es aquel a quien acaban de nacerle los primeros dientes y es el mismo que será médico o carpintero. Mientras tanto, allí está él sentado en el suelo, con una realidad que he de llamar vegetativa para poder entenderla. Treinta mil de esos niños sentados en el suelo, ¿tendrían la oportunidad de construir otro mundo, que tuviese en cuenta la memoria de la actualidad absoluta a la cual ya pertenecemos? La unión haría la fuerza. Allí está sentado, empezando todo de nuevo pero para su propia defensa futura, sin ninguna oportunidad verdadera de empezar realmente.»

"Niño dibujado a pluma", de Clarice Lispector.

dimarts, 18 d’abril de 2017

Les runes del patriarcat circulen en camiones sense rumb.

Tramabus: 
L'entremat de "machos-alfa" Iglesias-Montero circula en camiona atropellant drets.



«Hoy se ha llegado a un cambio social extraordinario en las relaciones entre hombres y mujeres: pero sin autoconciencia masculina. En medio de este costoso cambio, la victoria de la derecha es un signo, pésimo, que nos dice algunas cosas sobre los hombres. En esta victoria resucitan algunos rasgos típicos de lo imaginario masculino tradicional: potencia, exhibicionismo, narcisismo. Pero eso lo ha hecho posible un déficit de autoconciencia masculina en la izquierda. Hay miseria simbólica masculina, y en esta miseria triunfa la derecha, porque la encarna mejor: les toca a los hombres de izquierda, que son y quieren ser la parte más civil de la sociedad, contrastar esta miseria perfilando una autoconciencia adecuada. En nuestro tiempo histórido, la izquierda sin eso no avanza».
Luisa Muraro, a: Lia Cigarini, La política del deseo.