El final del patriarcado ha dejado sin ley a muchos hombres y, también, a algunas mujeres, a las mujeres que estaban a gusto deportadas en él y a las que creen que pueden medrar, y medran, en la confusión de la ausencia de ley.
El final del patriarcado ha abierto una batalla por lo simbólico completamente nueva. Es una batalla por el modo de interpretar y de poner en palabras el sentido actual de la realidad: el sentido de la vida, de las relaciones, de las cosas y, sobre todo, el sentido actual del ser mujer u hombre, un asunto en el que casi nadie se aclara ya. Todo esto lo decía antes, a su modo, el patriarcado. Ahora está abierta la posibilidad de que lo digamos las mujeres hablando como mujeres, eligiendo hablar como mujeres y no como hombres. Los hombres, por lo general, están en este momento más ocupados en lo que les pasa con el reparto del poder en las democracias (curiosamente bloqueadas a fuerza de igualdad en muchos Estados como el español, el de los Estados Unidos, Reino Unido, etc.) que en algo que les afecta mucho más a fondo y que es, precisamente, el final del patriarcado, inseparable, por lo demás, de la crisis de la democracia. Por eso es la ocasión de las mujeres, ocasión de hacer de tertium, de terciar en el debate cristalizado entre derechas e izquierdas para devolverle el contacto con la realidad viva. No sabemos por cuánto tiempo estará disponible la ocasión
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María-Milagros Rivera,
Textos políticos. La violencia de tantos hombres contra las mujeres

Chiara Zamboni dijo que "nos hemos sustraído a la automoderación”. Es verdad, pero ello no excluye que seamos en cambio heteromoderadas: que sufrimos poderes e imposiciones de naturaleza diversa, con repercusiones internas de intimidación y a veces incluso de miedo. Es una cosa natural y como tal la consideramos, pero es necesario ser conscientes; de otro modo, eso que era heteromoderación, se convierte en automoderación.

Frente a condicionamientos o poderes que no tenemos la fuerza de vencer o la astucia de eludir, bajamos la cabeza, que es un modo de estar en la realidad sin olvidar el deseo propio. Angela Putino, reflexionando sobre la mujer guerrera, dijo: "estar en contra tiene que ver con la irreductibilidad", que no es lo mismo que lanzarse en contra.

Mantener la línea de lo irreductible, en otras palabras, hacer que la heteromoderación siga siendo tal, que no se convierta nunca en automoderación, no es siempre fácil.

Luisa Muraro, Diotima.


... por qué razón las mujeres perjudican al propio sexo o lo someten a dolorosas contradicciones cuando intervienen en las leyes o piden al Parlamento que resuelva algunos de los conflictos sociales en los que están implicadas. ... cuando entra directamente en juego la diferencia sexual y el conflicto entre los sexos, ... es necesario tener presente que la norma siempre es una figura secundaria, derivada, que sirve para medir lo que de hecho sucede en el cuerpo social. ... no habrá ley capaz de dar valor a la sexualidad femenina si éste no le está reconocido socialmente.

No creas tener derechos.

dimecres, 19 d’abril de 2017

Cada reedició masculina de la Setmana Santa permet, com a contrapunt, observar "El misterio olvidado de las genealogías femeninas" (Luce Irigaray).


«Para una mujer, la mujer que es su madre se mezcla con su propia identidad y con la posibilidad personal de ser madre. Una mujer no mata simbólicamente a su madre para ocupar su lugar, como hace el hombre con su padre, según Freud; se mataría a sí misma y minaría la vida. 
En el breve pasadizo entre una madre y una hija, el flujo continuo de la vida se convierte en un vínculo personal entre dos mujeres que conoce una gama de variaciones posibles entre los extremos de la fusión y el odio. Se traduce, pues, en biografía e historia, también con segmentos genealógicos largos, rastreables y memorables
a pesar de la sistemática cancelación simbólica de las descendencias femeninas operada por el sistema patrilienal.»

«La falta de imágenes dedicadas a las genalogías femeninas acompaña a una pérdida de identidad individual y colectiva para las mujeres. La pareja madre-hija es siempre borrada, también donde es honrada».
(Luisa Muraro, La indecible suerte de nacer mujer).

«Los hechos e ideas que suelen designarse bajo el nombre de feminismo son "genealogía" ... 
la salida al mundo de unas mujeres legitimadas por su referencia a su origen femenino ... no es otra cosa que ser inscritas en una generación de mujeres.
En nuestra cultura, como ha subrayado Luce Irigaray, falta la representación de la relación madre-hija, la madre siempre tiene el hijo en brazos.

Cuando se razona sobre la condición de la mujer habitualmente tenemos presente el estado de confusión entre su ser cuerpo y su ser palabra, que nace del hecho de ser trans-plantadas a la genealogía masculina». 
(Librería Mujeres de Milán, No creas tener derechos).


«Hoy, la prueba de realidad que las madres de la Liga de la leche materna proponen tanto a la sexualidad femenina como a la paternidad, está encerrada en el enigma de esos curiosos iconos trinitarios. No se suele decir que Europa, en especial la Europa mediterránea, se ha formado en los con ictos trinitarios, con ictos que son de relación y de sexuación de la genealogía humana, y que han acompañado siempre su historia ... Pues la díada madre / hija, si hace genealogía, se vuelve un tres, una trinidad. 
Las de la Liga de la leche son madres que, además de amar a sus hijas, intentan la incorporación plena del hijo a la relación amorosa, hijo que el feminismo dejó en suspenso por la razón obvia de que todavía estaba el patriarcado, y esto nos dio miedo. Son madres que intentan transformar y dar sentido al padre brindándole una oportunidad de amar o de aprender a amar en esa segunda escuela del amor que es la primera infancia de sus hijos e hijas. ¿Cómo? Contratando explícitamente con el hombre elegido la posibilidad de hacerle padre y reinventando con él la paternidad si la posibilidad se realiza: la paternidad en contexto y con su propia trascendencia. Tener ocasión de amar es una de las cosas más importantes que le pueden suceder a un ser humano en la vida.»
("Ella es demasiado libre", María-Milagros Rivera).