«... son las relaciones sociales entre hombres y mujeres, con la fuerza y la palabra normativa de los primeros con respecto a las segundas, lo que hace a las mujeres impotentes para la acción. En otras palabras, la relación hombre-mujer está ya inscrita en el derecho y está en él inscrita de manera que aplasta a las mujeres.»

Lia Cigarini, La política del deseo (traducció de Milagros Rivera).


«... la diferencia femenina está siempre fuera de la codificación cultural existente, siempre se escapará de las definiciones; de hecho, la idea del escape, el huir constante, es uno de sus lemas. Es decir, que busca siempre abrirnos, a quienes la leemos, a ir más allá, a dejarnos llevar, a explorar ...»

Caroline Wilson, "La diferencia femenina en la escritura".


«... la injusticia salarial no se corrige: la necesitamos como señal de que mientras que la maternidad no entre y esté entera y libre en el sentido del trabajo, el derecho del trabajo (sin excluir otros derechos) le resultará hostil o superfluo a una mujer.»

Pròleg de Milagros Rivera a: Un derecho del deseo, un derecho sexuado, de Laura Mora.

divendres, 24 de febrer de 2017

L'adoració de les dones de PODEMOS a l'«alter ego» de Tyrion Lannister les deslegitima per a poder opinar de la vida de les altres dones i, sobretot, per culpabilitzar de la violència dels homes a les dones que estimen.



Relacions tòxiques o relacions que intoxiquen?
Les dones que governen la política masculina o de partits no aporten gaire a la societat femenina, només es beneficien a elles mateixes, perquè la feminització és del pensament, lliure, del pensament femení amb infinit propi, no basta tenir cos de dona.


«... la seducción de quien destaca más visiblemente, la juvenil presunción de llegar donde otras no han llegado, la natural reticencia a pensar que ser mujer pueda constituir una desventaja social ...
Circunstancias sobre las que destaca otra, a saber, que ser mujer y tener aspiraciones sobre el mundo, si bien una cosa y otra son en sí normales para un ser humano, sumadas forman una combinación que la sociedad humana no valora en su orden simbólico. 
Por esto la mujer que ha dejado atrás la infancia, pero no ha perdido el objetivo de contar para algo en el mundo, encuentra más natural volverse hacia individuos del sexo masculino para avanzar. 
... [el] feminismo no es útil para una mujer joven dotada de ambiciones. Es un saber válido en sí, pero póstumo. Lleva la marca de aspiraciones heridas, de expectativas frustradas, de impulsos perdidos en el vacío, de descubrimientos duramente pagados. Quien se enfrenta con el mundo rechaza un saber tan amargo, porque es una amenaza para su bien, que es querer y esperar lo mejor para sí misma. 
Si no hay diálogo entre esta aspiración intacta y esa conciencia, entre una generación y otra de mujeres sólo existe una sucesión de ingenua esperanza y amargo conocimiento sin intercambio y sin cambio. 
La asusencia de intercambio entre estos dos momentos de la humanidad femenina, entre la mujer que quiere y la mujer que sabe ... [tiene su causa] en el orden simbólido que sostiene el sistema de las relaciones sociales.» 
Librería de Mujeres de Milán, No creas tener derechos.