Con los significados de las palabras se han desplazado también los nombres, las casas, los campos, los rebaños, el poder, los privilegios, fueran muchos o pocos. Y el dinero, por ejemplo el que servía para mandar a estudiar a los hermanos mientras ella, al terminar la enseñanza obligatoria, se quedaba en el pueblo, y cuando pedía un vestido nuevo para salir con las amigas el domingo, la respuesta era que no porque en aquella casa, con cuatro varones en la ciudad, nunca sobraba un céntimo. Es un ejemplo entre millones, uno que conozco bien porque me lo contó una que era ya vieja, pero no había olvidado ni perdonado. Se oye decir de vez en cuando, como en los años del feminismo más encendido, «la rabia de las feministas». ¡Si supierais, querría comentar yo, lo grande que era y lo grande que puede ser la rabia de las no feministas!

Luisa Muraro, La indecible suerte de nacer mujer.

dijous, 25 d’abril de 2019

¿Por qué cuando los hombres y las mujeres de la política ideológica o de partidos hablan de feminismo y de mujeres, las que elegíamos nacer mujer nos vemos cosificadas, seres sin alma?

Pensar el infinito propio, en femenino, poniendo entre yo y el mundo, otra mujer (lectura 2). 
The emancipation of women, that is, the fact that we have reached the condition of subjects of rights, doesn’t imply and has never implied female freedom. 

We, the women with rights, also want freedom. 
As an indication that still remains a lot to be done to be able to speak about female freedom in the public context, there still persist those endless parliamentary debates on questions such as contraception or the diverse law projects to“regulate” the right to abortion. In those debates, there is never laking a long list of “advisors”of all kinds –on physical, mental or social health- who are supposed to intervene to “guarantee”women’s “free” choice.  

... when women are presented as not being different at all, they become spare and superfluous, whereas if they are presented as different this difference sooner or later plays against them and makes them inferior.

This way, when women speak of political freedom, institutional politics usually considers the woman question just another social one. Actually, there are already a few open fronts against considering all questions related to women as merely a social care issue. 
Obviously, there are many women needing the help and assistance of the social services programs, but this doesn’t imply [that the only political actions related to the female question must be reduced to solving financial problems], or as [if the female question could only be read in terms of lacking].  

To be more precise, men do not ignore the inequality situation - they know that women continue to work much harder than them in the home tasks and in the care of others, and that they continue to have lower salaries, etc., and they also don’t ignore what’s behind domestic violence. They do not ignore the situation –even they know that we know they know.

... freedom must not be confused with equality; which is the same as remembering that the possibility of a shared public life is not identical to a homogenous citizenship.
 
As I have been saying, political freedom and equality of rights are not synonymous. 
Moreover, it is precisely because of their difference that the freedom of women is denied. How, if not, can we explain the persistence of violence against the woman body in societies where equal rights have practically been won?  
Such questions seem to indicate that to conquer feminine freedom is not enough to obtain equality.
The problem of the violence against women is a painful proof of what I’m saying. And it’s not enough to reduce it to the need of small changes in the legislation or to underline the necessity to deepen children’s education in respecting the rights and values recognised in our society.

When we speak of attempts against female freedom or of its loss, we’re not referring to discrimination, that is, of inequality, but of violence, of true attempts to keep physical and social control over women’s bodies and their movements.
Discrimination, in any case, strives against the principle of equality, founded on the identity or resemblance of human beings; violence, on the contrary, strives against the principle of freedom, assumed in the name of the difference of sexes, of humane diversity.  
Stated more strongly: freedom is like a perpetual reminder of the fragility of the conquests of equality.

dijous, 18 d’abril de 2019

Pacto socio-masculino I (escrito 5)

Los medios tecnológicos actuales que hacen que la política masculina o de partidos nos sea multi-inter-retransmitida nos permiten tener claro cuáles son los límites que a la libertad femenina cada contratante, parte contratante del rediseño del contrato social, va a fijar.
En todos estos contenidos, vemos la re-conceptualización del ciudadano medio, del buen padre de familia, del hombre ciudadano como el resultado de lo que en cada momento histórico, el hombre no está dispuesto a que otro haga sobre una mujer y aquello que está autorizado entre ellos que hagan a una mujer, a su derecho, a su lugar en el mundo.

Por ejemplo, hablan constantemente de nuestro cuerpo femenino fértil, como propiedad del Estado, del hombre, así escindido de cada una de nosotras. Quieren seguir escribiendo en la ley, en su pacto social, que cuando por el cumplimiento de la regla de la sexualidad masculina, la que no separa placer de procreación (como si separa la sexualidad femenina), resultemos embarazadas es irrelevante que nos vaya bien o no estarlo, nos sermonan con superioridad masculina, se creen suficientemente inteligentes para persuadirnos con su lenguaje discursivo, tramposo, como patético intento de disimular el miedo a que sepamos que no van a poder legislar que no es sólo cuando una mujer, concreta y particular, puede pensarse madre, puede pensar la cuna simbólica y puede aceptar el embarazo, que es éste posible. Que grande es su miedo a admitir que toda su civilización, su problema demográfico, está en nuestro poder de decisión.

Otra negociación en su pacto sexual, sustrato de su contrato social (como ya ha explicado Carol Pateman), es si debe ser ley legal el derecho del hombre al simulacro sexual con una mujer, a la que se llamará prostituida. Así ese derecho obliga a la sociedad femenina a cubrir la demanda de hombres-cliente. Pero sin las reglas patriarcales que fijaban qué tipo de mujer, incluso cuanto todavía era niña, iba a ser prostituta, el porcentaje de mujeres necesarias para cumplir el derecho del hombre al simulacro sexual se fijará sobre la totalidad de los cuerpos femeninos jóvenes. Siendo así, las mujeres que medran en la política masculina, ocupando el mismo rol de poder y perpetuando el orden patriarcal para ahora triunfar ellas, deben cubrir ellas este porcentaje de oferta al hombre-cliente, puesto que para la sociedad femenina no hay más ley que la que prohíba la existencia del hombre-cliente.

«es esencial comprender por qué razón las mujeres perjudican a su propio sexo o lo someten a dolorosas contradicciones cuando intervienen en las leyes o piden al Parlamento que resuelva algunos de los conflictos sociales en los que están implicadas». No creas tener derechos.

En ese pacto social que siguen actualizando, debaten qué tipo, grado y contexto de violencia del hombre sobre la mujer van a permitir al hombre. Desde el patriarcado más arcaico que no quiere admitir la violencia del hombre como un problema de la sociedad masculina hasta los que hablan de violencia machista para minimizar el sustantivo de esa violencia, que es más que machista, pues es del hombre, por esto, no se espera, no se denuncia pues no se espera, no se piensa nunca que también te vaya a pasar, porque se esconde al hombre en sustantivo detrás de un adjetivo que les permite desvincularse a cada uno de ellos. No se sabía que era un machista hasta que te ha matado, o te ha amenazado, o te ha perseguido, o te ha violentado, o te ha insultado, o te ha privado de conocer y ser madre en la vida toda de tu hija o hijo.

En otro contenido de su pacto social, debaten si ningún sí de una mujer es tácito, hablan de los conceptos neo machistas para no decir violación, dicen personas, víctimas, cuando saben que es una violencia contra y sobre la mujer, no sobre personas ni víctimas, que son lenguaje masculino, es decir, lenguaje segundo, de discursos, que no dice la verdad. Ciertamente que los hombres pueden violarse entre ellos y así al hombre violado por un hombre le pueden llamar persona o víctima, pero esto es cosa de ellos, son sus propias reglas. Dicen que si trece años de cárcel, que si quince años, mientras otros creen que si una mujer sobrevive a una violación es porque participó de ella, disfrutó, y no es violación, como si fuera posible, como si cuando en tu mente no quieres que un hombre toque tu cuerpo, alguien o algo pueda autorizarlo por ti.

«En mi mente está claro que si yo no elijo tener una relación sexual, ningún otro puede elegir por mí.
No importa en qué condición esté, y no importa quién sea yo ni qué vida lleve.
Ninguna mujer consiente a su violación, y no existe ley en el mundo que pueda borrar esta verdad.» “Pasión” de Barbara Verzini.

También rediseñan en este remake de pacto social el poder sobre los hijos, sometiéndonos a su poder con su corresponsabilidad, su parentalidad, sus permisos de paternidad. Así queda contratada la maternidad futura de las mujeres jóvenes de hoy y de las niñas de hoy y siguen dejando a sus hijas bajo el poder de los hijos de otros hombres, en esa genealogía inventada que estructura el patriarcado, la patrilineal. Ahora debaten en qué condiciones y con qué contenidos los hijos de los hombres tendrán derechos en la maternidad futura de las hijas de los hombres. Les permitirán a ellas una maternidad en un 50%, contratando con otros hombres para sus hijas que éstas no puedan conocer ni estar en la vida toda de sus hijos o hijas, como les pertenence por derecho materno, derecho femenino, "prius" a todo lo existente.

dilluns, 8 d’abril de 2019

Re-patriarcalizar (escrito 4 y lectura 1)

Permiso de paternidad no transferible a la madre para darle poder al Padre para controlar la díada, la genuina pareja humana que el patriarcado asesina porque la madre, a diferencia de él, no necesita derechos para ser hábitat primero, ella es previa a todo.
Corresponsabilidad para llegar a la imposición de custodia compartida a la madre con el efecto de delimitar el horizonte de la maternidad de las madres del mañana, que sólo será aquello que les permita la custodia compartida de él, y garantizarse los padres los derechos patrilineales sobre las hijas de los demás.
La fratriarcal (.cat) parentalidad porque creen que así no nos daremos cuenta del miedo que tienen a que replanteemos en la sociedad femenina sus instituciones, su patria y su potestad, porque saben que sólo les corresponde el segundo (que no secundario  -Milagros Rivera- en obligaciones) lugar. 
Estos anexos al contrato social entre hombres es el castigo al feminismo de los derechos, al feminismo de Estado que hace que la mujer vuelva a perder. 
Cuando reivindicas reconoces autoridad a quien te concede, cedes a su orden simbólico, luchas con sus herramientas que no te pertenecen, que te niegan de origen, que no te dan lo que es tuyo y así Él decide qué te concede, cómo te lo concede y se cobra un precio (No creas tener derechos).
El precio a pagar a cambio es darles coartada para la modernización del pacto sexual implícito en el contrato social de los hombres y, al final del patriarcado, son mujeres las que lo imponen a las demás mujeres, a las que no nos representan porque la democracia representativa, que es parte del patriarcado puesto que representa ideologías con poder, no es válida para representar a las mujeres que eligen serlo. 
El precio que nos hacen pagar a nosotras y a nuestras hijas es dar derecho al hombre a ser madre, la vieja potestad marital, el poder sobre los frutos del cuerpo de la mujer para controlar su libertad y su sexualidad (por ejemplo, el derecho de la madre de uso de la vivienda donde ella decidió ser madre ahora actúa como cinturón de castidad pues eliges o tener casa para tu hija o hijo -como si la casa le pudiera pertenecer más a alguien que a tí- o amar a otro hombre como mujer). 

Lectura:
«Hemos acumulado tantas filosofías y, sin embargo, en ninguna de ellas, incluidas las más recientes, he encontrado un pensamiento capaz de dar el eco adecuado a la experiencia que se dice con estas palabras: "Podría estar embarazada". La idea que estamos buscando no hay que confundirla con las metáforas filosóficas asociadas con la maternidad, demasiado fascinadas por su potencia como para detenerse a escuchar palabras como estas, con lo que tienen de suspense y de sorpresa para la que las articula, articulando así su impotencia y su potencia, todavía en equilibrio entre existencia personal y vida impersonal, pero con dificultad, porque ya se siente desplazada en el cuerpo, del cuerpo, ya se encuentra en una situación de cambio en sí y en las relaciones con los demás, en primer lugar su madre, en el dentro y el fuera, en los deseos y los proyectos, lo ya hecho y lo por hacer, en el umbral de su ser que es más que un hacer y más que un padecer, más que un dar y más que un recibir, a una distancia no calculable, enorme y exigua pero todavía sin colmar, tal vez incolmable, de un otro posible que es un devenir: madre. Posible imposible para un hombre».
El Dios de las mujeres, de Luisa Muraro. 

diumenge, 24 de març de 2019

Elecciones al fratriarcado (escrito 3)


Este final del patriarcado adopta la forma de «fratría» (Chiara Zamboni, “El sentir”, Duoda, 54), de fratriarcado.

En la política ideológica (la masculina, de partidos políticos) española, que es la que se me obliga a escuchar más, se puede contemplar claramente, por una parte, los restos agonizantes del patriarcado, incluso el misógino más grosero que se intenta reimplantar, frente a, por otra parte, la oferta de renovación patriarcal en forma de fratriarcado, como única opción al nihilismo y a la deshumanización del hombre, que supone la destrucción masculina del vínculo con las mujeres, con la madre que le invitó a ser padre después de ser ella madre, de este final del patriarcado.

Desde este bloque ideológico, oigo a la matriarca de Podemos hablar de la “España fraternal” y oigo hablar repetidamente de "fraternidad" al fratriarca Junqueras, fratriarcado cuyo origen es el de todo nacionalismo, matria (Milagros Rivera, Duoda, en textos políticos), y que sabe que le es imposible llegar a la patria, porque eso pertenece a un mundo que ya no está, al del estado-nación, a las codificaciones patriarcales del hombre ciudadano, al del ideal de los derechos del hombre como forma humana primera (que llevó a la guillotina a las feministas que también querían los derechos del hombre de la revolución liberal burguesa para ellas). 

En esa ilusión del fratriarcado, el nihilismo patriarcal persiste, pues sólo supone un pacto entre hombres, ahora hermanos por derecho masculino, para que los que sufrieron más que otros el patriarcado, rediseñen la pertenencia del cuerpo femenino fértil a un nuevo Estado, y saboreen en el fratriarcado el poder sobre la mujer, el control del cuerpo fértil de la mujer, la seguridad de que seguirá habiendo acceso alegal, sin tipicidad penal ni moral, al cuerpo de un % de mujeres (cada día en aumento porque aumenta la necesidad de seguridad de las otras) y de que un % de mujeres serán úteros en activo, en esquilmo, porque irá aumentando el derecho de los hombres a ser madre y el derecho de algunas mujeres a estar en la ley masculina con mayor categoría que otras, las demás que sólo son úteros de madre sin mujer. 

Conseguida la libertad masculina, en cuerpo de hombre, por parte del individualismo liberal (la cruz de la moneda) o del falocentrismo progresista (la cara de la moneda), libertad impracticable en cuerpo de mujer; impuesta la igualdad a la mujer, como fraude de la igualdad para conseguir usurparle la diferencia en la que un hombre nunca podrá ser igual a una mujer, le falta al patriarcado agonizante la fraternidad entre hombres para llegar a la igualdad entre ellos en la construcción de patria, fratría. 

La fraternidad es esa igualdad efectiva entre hombres. Frente al patriarcado que cae a nivel universal, el fratriarcado busca asegurarse su continuidad pero con el pacto social de no agresión entre hombres para crear su estado. Así, el nacionalismo se vuelve dinámico, en busca de maquillar el esquema tradicional del estado nación, el ideal liberal, la ley única y las institutucions patriarcales. La potestad marital del hombre con sus herramientas patriarcales de patria potestad y custodia se camuflan en el fratriarcado con herramientas nuevas, como corresponsabilidad o parentalidad que es el derecho del amo a ser considerado por la ley como una mujer y como una madre. 

Las mujeres que han vivido más cómodas que otras dentro del patriarcado no se fían de estas nuevas herramientas, luchan contra el fratriarcado porque, como moralismo, siguen agradeciendo al patriarca, al pensamiento masculino único, que no haya sido muy malo con ellas y se conforman con los límites de la libertad que les ha dado. Mientras que las Olimpias, que no vivían cómodas con el patriarcado pero aspiran a ocupar los mismos roles de poder, son sostenedoras ahora del fratriarca, dándole coartada para que hable en femenino, por nosotras, por las que no somos matriarcas, por las que elegimos ser mujeres y, por eso, ellas no nos representan. 

Este final del patriarcado no nos impide pero una ganancia segura, sigue siendo el mejor momento histórico para las mujeres, aunque unas estén peor, porque hemos visto que la libertad femenina existe (lo aprendo de la lectura de Clara Jourdan). 
Existe cuando aprendes a ver que la pierdes al entrar en contacto con el hombre, la pierdes porque la regla de la sexualidad masculina te impide tu libertad y por eso el fratriarcado opina sobre tu cuerpo embarazado sin tener en cuenta tu opinión sobre tu vida y lo que tu deseas o no vivir, y lo que tu puedes o no aceptar. Y ello sin hacer nunca ningún acto de constricción.
Existe cuando sabes que la pierdes porque invitas a un hombre a ser padre y ante ese regalo impagable el derecho masculino le sigue dando, con otros nombres, el derecho a privarte de estar en la vida entera de tu hija o hija y sólo te quedará fantasear con que tal vez un juez o una jueza te proteja como madre, como le ocurre a mi hermana Juana Rivas. 

Hay libertad femenina y puedes decidir no perderla aunque la sociedad masculina, porque sigue sin aceptar su parcialidad humana como "prius" para la relación entre los sexos, culpe a tu libertad de la ruptura civilizatoria y de la pérdida de heterosexualidad.

diumenge, 10 de març de 2019

De ser madre a ser madre de un hijo (escrito 2)

Hoy ya he traspasado la penitencia del 8M que consiste en volver a ver, aunque no me sorprenda, que los hombres no se enteran de nada, pues el feminismo no puede salvarlos y, por esto, no sé de qué cosa hablan llamándola feminismo y llamándose feministas. El feminismo, el único que lo es, el que es genealogía femenina, no puede dar ningún criterio por el cual unos decidan que están salvados. Es decir, yo que soy genealogía femenina no puedo decidir que mi hijo está salvado, que él es de los buenos. El hombre que se salve se salvará sólo, por si mismo, porque será libre del patriarcado, (aunque en esto si tendrá que ver la madre, yo, y el momento de final de patriarcado que me propicia coraje para no entregar a mi hijo al patriarcado), en un ejercicio individual pero reconocible para otras mujeres que lo saboreen y lo sientan así, libre del patriarcado («pel seu sabor i pel seu saber, és a dir, pel seu sabor com a home i perquè sabia filosofia», Milagros Rivera).
Traspasando este estrés voy pensando que hace ya doce años, más o menos por estas fechas, estaba preparando la cuna simbólica para una hija que en la ecografía fue un niño y con él sería elegida para vivir uno de los mayores retos de este momento histórico para una mujer, ser madre de un hijo y no convertirme en una mujer machista. Como me parecía que me iba a suceder, como un destino inexorable por lo que siempre había observado en las madres de hijos (aunque también tuvieran hijas).
Inicialmente me paralizó la dificultad de vencer este destino y ser mujer feminista madre de un hijo, porque creía que aun me encontraba en el patriarcado.
Pero otra mujer, entre yo y el mundo, su sabiduría, me dio una esperanza. Cuenta Milagros Rivera
(«Ella es demasiado libre». Duoda, 2011: «Las de la Liga de la leche son madres que, además de amar a sus hijas, intentan la incorporación plena del hijo a la relación amorosa, hjo que el feminismo dejó en suspenso por la razón obvia de que todavía estaba el patriarcado, y esto nos dio miedo.»)
en referencia a las madres feministas de su generación que en aquel entonces, tuvieron que dejar al hijo en suspenso porque el patriarcado existía y eso les dio miedo. Por ello, en este final del patriarcado, en forma de fratriarcado (lo leo en Chiara Zamboni, "El sentir", Duoda, 2018), las madres feministas de mi generación no tenemos que entregar al hijo al patriarcado y defender así su privilegio por nacer hombre, y su orden de poder. Ahora podemos dejarlo en nuestra genealogía femenina (siendo madres independientes del padre, aunque éste esté), en nuestra secuencia de madres no como eslabón, pero si como trozo de cadena que decora, colgando, un collar ya cerrado. No es el último eslabón de mi continuum porque él no será una madre pues él como hijo, a diferencia de la hija, no puede pensar lo que es ser madre en esa secuencia de madres donde todas somos madres e hijas, sustitutas la una de la otra [depende de si partes de la última, la más joven, o de la primera de la secuencia, la que comenzó la vida humana en este mundo] pero si que él participó del misterio de serlo, hasta el momento en que yo pensé su sexo y lo acepté niño.
Además, entre yo y el mundo, también encuentro para guiarme, a genias de la escritura femenina como María Zambrano, Clarice Lispector y Luisa Muraro, madres de un hijo, las cuales, habiendo el patriarcado, no dejaron el feminismo por ser madres de un hijo.
Y que decir de cómo incorporó María de Nazaret a su hijo en su genealogía.


Incorporar al hijo a mi feminismo no le convertirá en hija ni le camuflara su carencia del privilegio de nacer del mismo sexo que la madre, pero, si lo consigo, le dejará libre del patriarcado sustituyendo la mediación de la fuerza y el poder, de la ley y el derecho, por el amor y la gratitud por la vida y por ser invitado a ser padre, si esto le sucede algún día.
Tengo la estrategia para actuar ahora que el momento histórico me da la libertad de educar a un hijo. Sólo es actuar de acuerdo al principio del derecho femenino (Lia Cigarini) de educar al hijo con solidaridad a las otras mujeres, otras madres y sus hijas, mis semejantas, no queriendo para ellas lo que no quiero para mi ni mis hijas.
[«El derecho femenino, autónomamente, garantiza la inviolabilidad del cuerpo a las mujeres a través de la valoración de la genealogía femenina, la responsabilidad de la mujer madre hacia su sexo, y, por tanto, hacia el sexo de la mujer violada, la sustracción de solidaridad al hijo violador como expresión de autoridad materna ejercida en nombre de su sexo» (La política del deseo).]
No me refiero sólo a responsabilizarme de ese máximo, que es el delito político del hombre, sino de todo aquello menos violento, toda la violencia simbólica que la ley le dará derecho a ejercer, la que se halla en la violencia de la igualdad, al defraudarla riéndose de la mujer que al reivindicar derechos al patriarcado lo prolonga. Violencia que sufriría al ser yo, o que fueran  ellas, mis hijas, privadas de estar en la vida entera de sus frutos, su hija o hijo, porque la ley, siempre masculina, garantice a mi hijo, como padre, como mínimo, el poder sobre el 50% de la maternidad de una mujer que le invite a ser padre, en ese fraude que se llama corresponsabilidad o parentalidad, puesto que legaliza el derecho del hombre a la comaternidad (o contriñe la maternidad al derecho de la madre a la paternidad legal) y ese derecho nunca existirá.

 

divendres, 8 de març de 2019

OPERACIÓ DE PARTIDA PER PENSAR DRET FEMENÍ (SEXUAT, MATERN).

« ... m'esforçava per a complir aquesta mena de tasca mental que consisteix a incloure en "home" també a mi, dona: un exercici en el qual he estat ensinistrada des que vaig començar a anar a l'escola i que hauria, per tant, de resultar-me automàtic ...  Però no, potser perquè ocasionalment apareix un "home" en el qual no m'he d'incloure, o sigui un home de sexe masculí declarat i exclusiu.
...[De cop, jo, un dia] em vaig adonar que havia estat descarregada de la tasca... 
A aquesta primera constatació: "està clar, pensen en ells i en els seus semblants, no parlen de mi", la va seguir un estupor ple de preguntes implícites. I jo? Volia dir la sorpresa de: On estava jo en els anys que he passat llegint [als juristes]? On eren les meves semblantes en els segles d'història del [dret]? Que ha estat de les seves raons, dels seus problemes, de les seves indagacions, dels seus deures? Els tenien? De quin ordre? A que han estat cridades les dones? O ningú ha pensat en això? I com s'han pogut regir? 
...  Enteneu-bé, aquestes i les altres, innombrables preguntes que sortien a borbolls de la novetat de no trobar-me ja inclosa en "l'home", sinó en un lloc altre que no coneixia, mancaven tant d'ansietat com de ressentiment. M'adonava, més aviat, de trepitjar per primera vegada mons mancats de paraules, incloses les que he fet servir per formular les preguntes. Però l'emoció que prevalia era l'alleujament. M'ho donava, clarament, la descàrrega de la preocupació per estar dins [l'home jurista]. 
Ara em semblava estar de vacances. De vacances, primer, de la feina escolàstica de incloure'm en "l'home" de la cultura oficial. Però també en un altre sentit, en el de trobar-me vagant per llocs immensos i desconeguts ...  
El final de la ocupació universalista de la meva ment per "l'home" ha deixat un buit i aquest buit, aquesta "vacatio", no és obra meva. Al contrari, s'ha obert per si sola en el moment en que m'he vist des-ocupada de l'"home"  universal. 
O sigui que també jo, com les dones de les "vacació divina", he estat cridada a custodiar i no a fer ... El què, en concret, dit amb les meves paraules?  
El passatge entre l'immens silenci del que ve cada criatura quan ve al món, i el món, que està fet de paraules». 

Traducció personal i adaptació d'un extracte de "La alegoría de la lengua materna"  de Luisa Muraro.


dijous, 7 de març de 2019

Ante la ley (escrito 1)


Todo lo que me acontece en los últimos meses me hace pensarme situada “ante la ley”.
No en el sentido “Ante la ley” de Kafka que, como explica Chiara Zamboni, se refiere al acontecimiento que funda las disposiciones concretas, sino ante la ley concreta, las leyes concretas, por naturaleza inexorable, masculinas.
Muy conscientemente me he situado “ante la ley” por un leve resquicio de miedo que me queda a vivir la gran libertad femenina que siento en mi carencia de méritos para el orden patriarcal.
Muy consciente soy de que me altera, me desmerece, me quita grandeza femenina este resquicio de miedo y ego que me ha situado “ante la ley”. Lo soy, consciente, porque desahucié de mi mente al hombre universal, hace ya años, y ese espacio vacío que queda en la mente de una mujer cuando deja de dar crédito al patriarcado, esa libertad, me ha inquietado durante unos años, viviendo, tal cual lo descrito por el Colectivo Librería de Mujeres de Milán en “No creas tener derechos”, en una “habitación propia” pero en la que no podía estarme quieta, con miedo a escribir, con rubor por la inmensidad de lo que me resonaba, con la desconfianza en poder fundar algo.
En estos últimos días, a la espera de devolverle al fin al inquilo universal sus herramientas, es cuando me acontece la tentación de estar ante la “ley”, cayendo en su ley de paridad.
El estar por paridad en un lugar me hace autorizar a que por cada mujer un hombre tenga derecho a estar y se me traduce en la vivencia de ser coartada de hombres patriarcales, que para estar ellos consienten que esté una mujer para proclamarse feministas.
Así soy coartada para que ellos puedan seguir sosteniendo la mediación patriarcal por excelencia, aunque segunda puesto que sustituye la violencia física y la guerra, la ley y su violencia. Entro como coartada de su exhibicionismo viril, su falocentrismo y, en muchos casos, su patriarcado. Con la paridad entramos a conformarnos con sus herramientas, sus instituciones, a sabiendas que el juego de la representación política no es válido para las mujeres, a sabiendas que una mujer jurista sólo puede proteger de la ley a si misma y a otra que confíe en ella y le pida ayuda, pero no podemos saber lo que la ley hace en las otras mujeres, por saberlo en nosotras, y no podemos saber cuánto mucho tiene que hacer otra mujer para sobrevivir (vivir sobre) la ley; que para empezar le usurpa la mitad de su maternidad, el derecho a conocer entera la vida de su bebé o hija o hijo.
Hacer de coartada en sus comisiones, consejos o instituciones, hace que el juego de la ley, como mediación masculina, perviva, aunque sea agonizando.
Al aceptar estar “ante la ley”, soy la coartada para prorrogarles su no aceptar su parcialidad, su derecho a apoderarse de los frutos de las mujeres, su derecho a no devolvernos el cuerpo todo, su derecho a hablar de nosotras, por nosotras, para nosotras y su mantener su relato de los derechos que nos dan y de que lo que fue pensado por ellos y para ellos, y entre ellos, es ahora universal, es ahora mi ley, "lo que más te conviene, mujer", lo que debe interesarme.